La melancolía

Posted: miércoles, 29 de octubre de 2008
El sosiego, la profundidad, la tristeza, un estado de descanso del corazón que estuvo a punto de estallar. El poder de transcribir imágenes de un pasado olvidado, o de un presente preso de sí, quieto, callado.

Con la belleza de un halcón sobrevolando las montañas, Gabriel Prates nos cuenta cómo la recuerda entre los andenes del pasado, como un sueño, pero presente dentro suyo.


Tu recuerdo

Luna plateada que da brillo
a esta noche silenciosa.
Vientos suaves acarician los árboles mudos.
Suave acaricia tu pelo
y el río trae de las montañas
canciones de las estrellas.

Mis manos recorren los campos de tu espalda,
envuelven colores.
Intentan levantar el fuego de tu piel callada
y mis labios sedientos
del arruyo de tu amor.

Paso mil noches en vela:
los colores de la primavera en tu rostro.
El perfume del jazmín en tu piel.
El amor en tu mirada.

Me voy durmiendo
y en el sueño recuerdo
los sueños y fantasías
que en la mente guardabas.

Te veo en los bosques
y la lluvia disipa la alegría,
tu imagen y te pierdes
en una pesadilla de olvido.

Un sentimiento acuoso

Posted: martes, 28 de octubre de 2008
Cuentan los sauces llorones que todas sus lágrimas se pierden en el río Gualeguaychú...

Ah, ¡con razón hay mucho poeta submarino dando vuelta! Y claro, ese olorcito placentero a madre agua, madre historia, atrae sus almas inspiradas.

A la rivera de nuestro río podemos encontrar los versos más autóctonos, líricos y transparentes de esta hermosa ciudad.

En la publicación del día, Pablo Arévalo, un muchacho con los pies sobre la runa, nos dibuja un hermoso sentimiento con la palabra:

Río

Como un arrullo el río corre,
susurra entre ramas perdidas.
Arrastrándose, recita sobre rocas,
que como pétalos ronronean debajo,
yacen inertes, con tambores
que resuenan en lo profundo,
guitarrean somnolientos.

Rezan las gotas lánguidas
con rasguidos de arpa.
El río corre, vibra su música en cáda molécula,
trae runas escritas de lo alto
que bailan sobre el lecho.

Dulce murmullo
que rimando crepita,
que une,
que amamanta la tierra sedienta.

Dulce murmullo,
que desciendes lento,
cuanto más te oigo
más penetras en mi templo,
templas en mi espíritu.

Cuanto más te oigo
más me llenas de tu dulce murmullo,
más me vacías de lo que no quiero.

Y el verso se hizo carne

Posted: lunes, 27 de octubre de 2008
"A este taller lo parieron Martin Pucheta y Carla Olivera hace más de un año. Y yo me acuerdo que me vinieron a llorar al colegio, no sé qué, ahí. Y yo quería jugar. La ternura de ese bebito mamón literario fue más fuerte que yo, y desde entonces cada sábado compartía poemas y aprendía con ellos. Digo, ellos y los demás juguetones que se acercaron aquella primera vez a fuerza de sonrojo vergonsozo amateur a mostrar sus precoces versos.
Y todos felices, pero Martín nos debe el asado de perdíz.*

A decir verdad, estos poetas, bailarines, musicantores, duendeverdes, hicieron de muchos de nosotros unos pequeños cumplidores con la palabra, aunque debo un par de tareas pero... Lo que vale es la intensión de aprender.

Siempre fuimos un grupete de a tres o cuatro (activos {¿?}), a veces cinco o seis, a veces veníamos Gabi y yo y nos pasábamos la tarde paspando moscas. Pero bueno, el grupo estaba siempre, y a veces hasta recitábamos o "hacíamos que leíamos buenos poemas". Bah, la finalidad del Taller supongo que es aprender jugando, pero aprender y no hacernos los tontos, porque no nos dan la galletita de cada día, sino.

Pero no sé qué hago, sinceramente, contándoles esto, porque seguro que me van a matar si me sigo haciendo el reportero. Los dejo con las obras de estos pichones de Carluna Marticheta Colorá.

El pichón pocopelo,
Laureano."



* Mejor dicho, nunca festejamos el cumpleaños de Cumplirconlapalabra, qué mal ¡eh!.