"A este taller lo parieron Martin Pucheta y Carla Olivera hace más de un año. Y yo me acuerdo que me vinieron a llorar al colegio, no sé qué, ahí. Y yo quería jugar. La ternura de ese bebito mamón literario fue más fuerte que yo, y desde entonces cada sábado compartía poemas y aprendía con ellos. Digo, ellos y los demás juguetones que se acercaron aquella primera vez a fuerza de sonrojo vergonsozo amateur a mostrar sus precoces versos.
Y todos felices, pero Martín nos debe el asado de perdíz.*
A decir verdad, estos poetas, bailarines, musicantores, duendeverdes, hicieron de muchos de nosotros unos pequeños cumplidores con la palabra, aunque debo un par de tareas pero... Lo que vale es la intensión de aprender.
Siempre fuimos un grupete de a tres o cuatro (activos {¿?}), a veces cinco o seis, a veces veníamos Gabi y yo y nos pasábamos la tarde paspando moscas. Pero bueno, el grupo estaba siempre, y a veces hasta recitábamos o "hacíamos que leíamos buenos poemas". Bah, la finalidad del Taller supongo que es aprender jugando, pero aprender y no hacernos los tontos, porque no nos dan la galletita de cada día, sino.
Pero no sé qué hago, sinceramente, contándoles esto, porque seguro que me van a matar si me sigo haciendo el reportero. Los dejo con las obras de estos pichones de Carluna Marticheta Colorá.
El pichón pocopelo,
Laureano.
"* Mejor dicho, nunca festejamos el cumpleaños de Cumplirconlapalabra, qué mal ¡eh!.